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Los números del hambre
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Los números del hambre

Esta es una discusión en el tema Los números del hambre dentro del foro Política, Legislación y Tributación, parte de la categoría Todo sobre Agricultura; Estimados: Comparto con ustedes una reflexión que me pareció interesante, acerca de la situación de la seguridad alimentaria en el planeta, escrito por el chef Sumito Estévez... LOS NÚMEROS DEL HAMBRE El que sigue es un trabajo dividido en tres partes basado en los textos "The environmental food crisis ( ...

 
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    Exclamation Los números del hambre


    Estimados:

    Comparto con ustedes una reflexión que me pareció interesante, acerca de la situación de la seguridad alimentaria en el planeta, escrito por el chef Sumito Estévez...

    LOS NÚMEROS DEL HAMBRE


    El que sigue es un trabajo dividido en tres partes basado en los textos "The environmental food crisis (http://www.grida.no/publications/rr/food-crisis) editado por la UNEP (United Nations Environment Programme) y de "Los alimentos y el medio ambiente" (http://www.unep.org/pdf/tunza/Tunza_6.2_SP.pdf) editado por el PNUMA (Programa de naciones unidas para el medio ambiente).

    En la primera parte veremos las estadísticas del hambre, que nos muestran con su contundencia el fracaso de las actuales políticas dirigidas a alimentar a la población. En la segunda, analizaremos las consecuencias que ha traído el aumento de consumo de carne, a la hora de acrecentar la brecha entre alimentados y desnutridos; y finalmente veremos cuales son las aristas en el plano individual, con las que podemos contribuir a disminuir la velocidad de este tren desbocado que puede lanzarnos por un despeñadero.

    I

    Los estimados conservadores de población preveen que seremos 8 mil millones de habitantes para el año 2050 y eso es mucha gente que alimentar. Los mismos estudios dicen que de no cambiar de manera radical los métodos actuales de consumo y de producción, ese año, que está literalmente a la vuelta de la esquina, será apocalíptico.

    La inédita presión demográfica del último siglo hizo que industrializáramos los métodos de producción, pero ello no significa que el camino que tomamos para resolver la demanda fuese el correcto. Queremos convencernos de que formas de producción como el monocultivo o el uso de fertilizantes químicos son la única forma para lograr alimentar a una población que se disparó, pero algo tenemos que estar haciendo mal si hoy la población en extrema pobreza es equivalente a toda la población que había en el planeta en 1850 (http://bit.ly/nlUPVB), es decir 1.200 millones de personas.

    110.000.000 de nuevos pobres (gente que no lo era antes) y 44.000.000 de desnutridos se contabilizarón unicamente en el 2010 y se estima que la mortandad infantil de menores de 5 años llegue al 25% en algunos países (Banco Mundial, 2008). Números que asustan si entendemos que cada día nacen 200.000 personas y que podrían sumarse a los ya mencionados 1.200.000.000 de personas en condiciones de extrema pobreza. La razón principal detrás de estas estadísticas está en una inflación global en el precio de los alimentos. Inflación inédita si entendemos que esos precios, medidos en FFPI (Índice de precios FAO de la comida, según siglas en inglés), venían bajando desde hace 50 años. Analicemos, entonces, las dos razones principales para que se haya dado ese aumento de precios:

    Ineficiencia energética: 40% de los vegetales sembrados en países industrializados se pierde por culpa de los patrones actuales de siembra. Basta con que usted vea los primeros 15 minutos de la película "Los espigadores y la espigadora" (http://bit.ly/G347z) para que sea testigo de como una sola industria de venta de papas de Francia bota 25 toneladas al descartar aquellas que no poseen las formas y tamaño que el público exige en los supermercados. Si a esto le sumamos que en este momento 32% de la comida comprada a nivel doméstico en Europa jamás es consumida (termina en la basura) o que 30 millones de toneladas anuales de pescado se pierden (¡25% de la pesca total mundial!) debido a las prácticas actuales; estamos claramente ante un ciclo inmoral en un mundo con hambre. Mas grave aun es que se calcula que de toda el agua potable que usa la humanidad, 75% se emplea en siembra. Basta con que desperdiciemos alimentos o que no los destinemos para consumo humano, y estaremos acabando a la par con el agua con la que contamos.

    Siembra para consumo animal: Las tierras aptas para sembrar se están perdiendo a velocidad de vértigo. Medidas satelitales muestran como entre 1981 y 2003 se perdieron por erosión 12% de las tierras arables debido a deforestación, falta de rotación de tierras, prácticas de monocultivo y pérdida de terrenos por inundaciones debidas al derretimiento de glaciares. Ante ese panorama es inaudito que 50 % de todos los cereales producidos en la tierra se estén destinando para alimentar animales y para generear combustible (biodiesel); es mucho mas grave si entendemos que 50% del consumo calórico mundial proviene de cereales, por lo que su mal uso es catastrófico. De hecho la merma de cereales destinados a consumo humano ha bajado los stocks de reserva (hoy es apenas de 66 días), lo que exponencia la especulación.

    Como bien dice PNUMA: "A la hora de establecer recetas en contra del hambre debemos volver la mirada hacia los pequeños campesinos porque estos son hasta 20 veces mas eficientes que los agricultores industriales si medimos el rendimiento de producción por hectárea, en parte porque no tienen otra alternativa"


    Ha sido tal el encarecimiento de los alimentos en los últimos años que, dependiendo del país, los menos favorecidos están empleando entre 50% y 90% del total de sus ingresos para procurarse alimento, dejando de lado “lujos” como salud o educación. Queda claro, a la luz de los espantosos números que exhibimos como humanidad, que entre las causas importantes a la hora de contribuir con ese encarecimiento, está la forma obscena (y, sobre todo, remediablee) de como botamos comida en un mundo con hambre, bien sea por compras mal programadas, intención de lucro sin consciencia de desperdicios o dedicando alimento a la producción de combustible. Pero esas no son las causas principales. El mas feroz de los agentes inflacionarios se encuentra en donde menos lo esperamos.

    II

    Hemos pasado a usar como fuente de alimentación principal, en el mundo industrializado, la menos eficiente de todas las fuentes. Por un instante dejemos a un lado la subjetividad, el gusto y la evolución de nuestros hábitos, y pensemos únicamente en términos de números: 3 kg de cereales y 16.000 litros de agua se emplean para producir 1 kg de carne. Lo peor es que el aporte energético de ésta última representa casi la mitad del proporcionado por la misma cantidad de cereales, por lo que su uso para alimentar animales es una incoherencia que se presenta por partida doble.

    Entre 1980 y el 2000 el promedio mundial de consumo de carne (medido por persona, por año) pasó de 27 a 36 kilogramos, lo que implica que en solo 20 años subió 33% el consumo de un rubro, cuya ingesta por año por persona se había mantenido uniforme por varios milenios en nuestro proceso de evolución. Las consecuenciasl de este aumento llegan inclusive a tener aristas insospechadas: Para 2006 se calculaba que 70% de la deforestación en Latinoamérica se hizo para poder sembrar pastura (principalmente soja y maíz), y se calcula que el sector de cría de animales contribuye en 18% al efecto invernadero, cifra, por cierto, mayor que la del sector transporte.

    Así, que, por la avidez del mundo industrializado, estamos usando la mitad de los cereales producidos (nuestra mejor fuente de energía) para alimentar a la menos eficiente de nuestras posibles fuentes de alimentación, la que mas ayuda a encarecer el precio de los cereales y por ende a generar pobreza, la mas contaminante, la que consume mayor cantidad de la escasa agua que tenemos, la que menos contribuye a prolongar la vida y, por si ello no fuese suficiente, es la industria causante de los mayores porcentajes de deforestación de las últimas décadas… ¡Si esta ecuación la estudiara un alienígena, solo podría concluir que la humanidad es o loca o suicida!

    En el plano teórico se sabe que podría obtenerse glucosa (con la que pueden alimentarse los animales) desde la celulosa de maderas, hojas y algas. Pero esa investigación cuesta dinero y es mas barato dejar de pensar en los hambrientos y seguir alimentando vacas con cereales. La ironía es que, en efecto, se está invirtiendo dinero en investigarlo, pero... ¡Para producir gasolina! El espanto es que si no alimentáramos a ningún animal con cereales, la producción actual anual destinada exclusivamente para estos (1,5 millones de toneladas), permitiría alimentar a la mitad de la población mundial con una ingesta diaria de 3.000 calorías de energía.

    Bien lo dijo la FAO, organismo de las Naciones Unidas que define las políticas de agricultura y alimentación, en su informe de 2003: "La seguridad alimentaria existe cuando todas las personas tienen acceso físico y económico a alimento, seguro y suficiente, para poder llevar una vida sana y activa en todo momento". Es esperanzador que tengamos la certeza de que, con volver a los niveles de consumo de carne per capita de hace 50 años, con la producción actual lograda gracias a los avances tecnológicos en ese mismo periodo, habría cereal suficiente para alimentar a la totalidad de los 1.200.000.000 millones de desnutridos.

    Históricamente el hombre no solo comía menos carne, sino que alimentaba a sus animales con sus desperdicios orgánicos. Nunca veremos a un campesino con un poco de tierra productiva, alimentando a sus cerdos o sus pollos con lo sembrado para consumo humano. Nadie plantea dejar de comer carne por completo, sino únicamente regresar al punto en el que nos equivocamos. Si para producir carne para unos, tenemos que quitarle la tierra y el alimento a otros, no estamos ante una humanidad justa. Veremos en la última parte de este trabajo, que las soluciones no son difíciles. No lo son en la medida en que el cambio colectivo se inicie en el corazón del individuo.

    III

    Dudo que haya un solo lector que no se abrume con la estadística principal que ha flotado a lo largo de este artículo que vengo desglosando en tres partes: 1.200 millones de personas en el mundo se acostarán hoy con hambre. No con poca. Con mucha hambre. Con hambre acumulada.

    Son 1.200 millones de personas que invierten casi todo el día en procura de un alimento que está frente a ellos, pero que se ha encarecido a tal punto, que están destinando casi todos sus ingresos en obtenerlo. 1.200 millones de personas que de poder obtener el alimento por menos dinero, podrían destinar el excedente en educar y darle salud a las nuevas generaciones que aun están a tiempo de salvarse. O sea, a sus hijos.

    Acabar con la pobreza es un tema complejo en el que somos culpables moros y cristianos. Ya llegará el tiempo en el que la humanidad le rinda cuentas a la historia (porque asumo un futuro posible en el que seamos mas justos), y este periodo del que somos arte y parte sea recuerdo; mientras tanto solo nos queda intentarlo desde cada una de nuestras reservas y de nuestras ganas. Con esta serie hemos querido lograr simplemente dos cosas: Entender que estos números existen y, sobre todo, entender que buena parte del camino hacia la solución debe comenzar en nuestras casas. Entender que en algún momento torcimos el camino, y tomamos senderos errados en los métodos de producción que ideamos y diseñamos en nuestra legítima búsqueda de alimentar a una población, cuyo crecimiento explotó repentinamente ante nuestros impotentes ojos. Entender, sobre todo, que las cosas siempre pueden arreglarse. Que nada es inevitable.

    El problema es inmenso y podemos caer en la tentación de rendirnos por no saber por donde comenzar, pero entregarse es una opción a la que, por suerte, no está dispuesta la humanidad.

    Es posible que uno sienta que las soluciones para acabar el hambre en el mundo son tan complejas que nada podemos hacer como individuos; pero la solución tiene dos direcciones: Las que pueden intentar los gobernantes y las que podemos intentar anónimamente ¡Claro que podemos hacer! Podemos presionar a nuestros dirigentes para que piensen en el problema sin demagogia. Dirigentes que entiendan la necesidad de idear políticas coherentes de control de crecimiento poblacional. Que crean en la solidaridad como un valor inherente e indivisible de la humanidad. Que entiendan que no es lógico el camino del monocultivo, la manipulación genética y el uso de tierras y alimento humano para atender animales. Que crean que usar tierras fértiles para sembrar comida que se usará en hacer gasolina (existiendo la tecnología para hacerlo desde deshechos), es una inmoralidad.

    Pero mucho también está en nuestras manos, especialmente lo concerniente al aumento de precios de los alimentos. Tenemos que dejar de exigir en los restaurantes mas comida de la que queremos comer y llevarnos a casa lo que no consumimos, plato devuelto a la basura con sobrantes debe ser una afrenta a partir de ahora. A los que nos corresponde, debemos entender las razones para que estemos botando toneladas anuales de alimento (inclusive en el mas modesto restaurante), y solucionarlo de inmediato. Como consumidores debemos de entender que es nuestro afán de comprar la fruta y el vegetal "perfectos" el que hace que anualmente se boten a la basura manzanas pequeñas, calabazas arrugadas o papas "deformes". Ante la asombrosa cifra presentada que habla de casas que botan a la basura un tercio de las compras que hacen, solo está en nosotros planificar mejor la compra y darle prioridad de consumo a lo que vemos que está por dañarse. No es muy dificil imaginar que si cada casa y cada negocio asociado a alimentos, cobra consciencia de que puede vivir igual con menos compras (optimizando el flujo y los patrones de desperdicio), en algún momento sobrará comida.

    Como vimos en la segunda parte de este seriado, es imprescindible que todos los que comemos carne en el planeta, bajemos nuestro consumo con carácter de urgencia. Al menos a los promedios de hace treinta años. Casi parece mentira lo efectiva que puede resultar en el mediano plazo esta simple medida para presionar los precios de los cereales a la baja. Es lógico que usted piense que se trata de medidas demasiado pequeñas y solitarias, como para solucionar algo tan grueso como el hambre de tantos. Pero así como sabemos que recoger la basura de una ciudad es una operación inmensa, igualmente entendemos que ella solo es posible si cada casa decide tomar conciencia y colaborar. Por lo tanto no hay tarea inmensa, sino gente disgregada en las buenas intenciones.

    Los números están allí, así como la certeza de que los grandes cambios de la humanidad siempre comenzaron en el alma de individuos anónimos. En la mía. En la suya.

    Fuente: http://sumitoestevez.blogspot.com/20...parte-iii.html

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  2. #2
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    Predeterminado Re: Los números del hambre


    Yo definitivamente trato de no botar comida a la basura, trato de no pedir en exceso, trato de consumir primero lo que está por malograrse y de regalar lo que ya no voy a comer (antes de que se malogre), y siempre mantengo en mi cabeza el hecho de que existen más de mil millones de personas que pasan hambre en el mundo y que no es justo de mi parte ignorar esa situación cuando compro comida y me la lleva a la boca… Y no sólo me preocupo por lo que yo como y desperdicio, sino que me preocupo por lo que los demás comen y desperdician también.

    Además, también vengo diciendo que lo que tenemos que hacer para asegurar el alimento para todos, es “cambiar nuestros hábitos de consumo” y “establecer nuevas políticas”; y no precisamente empezar a manipular genes para arreglar lo que venimos haciendo mal desde que decidimos industrializar todo. En ese sentido, yo creo que los OGM’s son la continuación de esta política que nos vuelve cada día más consumistas y egoístas.

    La solución hoy en día para la seguridad alimentaria no pasa por ninguna tecnología inventada por el hombre, sino que pasa por la misma conciencia del hombre para darse cuenta que hace un buen tiempo estamos siguiendo el camino equivocado y que demos reformular las cosas casi desde la base… y no creo ser un alien -aunque sí un caso raro de nuestra especie- para pensar que el ser humano está siguiendo su propia autodestrucción.

    Me uno al llamado del autor a presionar a nuestras autoridades y a presionarnos a nosotros mismos para que empecemos de una vez ese cambio que no cuesta nada de dinero, pero que sí cuesta mucho esfuerzo por parte de nosotros para ser más justos y solidarios con respecto al alimento que se produce en el mundo y la manera en que lo consumimos.

    Por otra parte, creo que sería una buena idea iniciar una campaña para que todos los descartes de alimentos para humanos que se produzcan en el Perú, sean destinados a alimentar humanos, y no a animales para alimentar a algunos pocos humanos con dinero y ganas de derrochar alimentos.

    En fin; es un tema bastante amplio y complicado, pero esa es en parte, mi peculiar forma de entender el problema de la seguridad alimentaria y del futuro de nuestra sociedad con relación a los alimentos.

    Saludos




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