Desde una perspectiva de tener la mayor seguridad posible en las instalaciones de proceso, el ingeniero instrumentista debe tener en cuenta que el objetivo de los medidores y controladores continuos es proporcionar al personal de operación de la planta de tratamiento la información en tiempo real de la calidad del agua y las desviaciones eventuales, los cuales entre otras cosas pueden activar dispositivos o mecanismos que corrijan las fallas lo más pronto posible. El escenario más apropiado sería aquel donde el usuario tuviera sus propios sensores para detectar cualquier variación de la calidad en el momento de transportar el agua a través del sistema de distribución (Bahadur et al, 2003). Este evento podría activar automáticamente una válvula para cerrar esa fuente de agua del consumidor y avisar a la planta sobre este incidente. La planta podría analizar la razón de esta variación de la calidad del agua para caracterizar el contaminante y usar los datos para introducirlos a modelos hidráulicos para simular sus efectos. Usando esta perspectiva la planta podría ajustar sus datos operacionales para minimizar los disturbios y atacar específicamente esta contaminación para proporcionar agua de características impecables aún para los vecinos donde tuvo lugar la falla.

El mantenimiento de los sensores, la calibración, los requerimientos de aseguramiento de calidad, y los costos de los sensores son algunas limitaciones para realizar este escenario ideal (Baxter y Lence, 2003).

Durante la colocación de los sensores existen algunos otros factores de logística que también se deben considerar. Los que incluyen la presencia de las tuberías existentes, disponibilidad de energía eléctrica disponible, los equipos auxiliares como las bombas o la estaciones de bombeo, y el acceso a los puntos de almacenamiento de agua que se encuentran en la red de distribución.

Inicialmente el costo de los medidores y controladores de proceso excede con frecuencia los $10,000 USD con algunos equipos que alcanzan los $50,000. Además, la colocación en un mayor número de ubicaciones en la red de distribución por supuesto es prohibitiva.

Los posibles criterios para la colocación de los sensores incluyen ubicaciones que reflejen las características medibles de las operaciones y procesos de tratamiento, así como aquellos que tiendan a asegurar la mayor vida posible para los sensores que también representan una inversión considerable (Berry et al., 2004).

En el caso específico de los sensores o electrodos de pH, pueden elegirse diversas ubicaciones posibles por razones de espacio o de mantenimiento preventivo. Los factores a considerar para que un electrodo de pH tenga el mayor período de vida posible, se deben basar en las siguientes consideraciones:

Deben proporcionar la señal con la mayor rapidez posible de acuerdo a los cambios en el proceso.

Deben reflejar las verdaderas condiciones al agregar químicos para controlar el proceso: un electrodo colocado demasiado cerca al punto de inyección variará sus lecturas muy frecuentemente y los largos desplazamientos en la escala de pH harán que su vida se acorte a la mitad o más aún.

Usar electrodos con señal amplificada que aumentan la exactitud y no permiten que la señal que viaja por el cable se atenúe o se pierda completamente, además de que usualmente permiten tener longitudes de cable mayores a los que se pueden usar con los electrodos no amplificados.

Hanna Instruments fabrica electrodos de proceso de la serie HI 61 de señal amplificada que reúnen todas estas características , además de que en aquellas tuberías o tanques donde se tiene la presencia de sólidos que pudieran tener una acción abrasiva sobre el bulbo de vidrio, la misma corriente o flujo es útil para lograr una acción de autolimpieza.





Por: Ing. Mauricio Valencia Durán
Gerente Especialista de marca HANNA Instruments


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