Probablemente una de las peores noticias que un exportador de frutas y hortalizas puede recibir es que su producto, cuidadosamente seleccionado y empacado desde su origen, ha llegado en condiciones menos que perfectas a su destino.

Mucho está en juego, y el importador parece contar con todas las cartas, forzando al exportador a ponerse al día. Estando en posesión de la fruta, el importador tiene control sobre lo que sucede y, frecuentemente, incluso tiene el dinero que aún debe pagar por la fruta. Un exportador exitoso tendrá que saber cómo defenderse ante esta situación o, contrariamente, caerá víctima del “juego de la reclamación”.

Está en el interés tanto de los exportadores e importadores hacer frente de manera rápida y justa a cualquier problema de calidad. Lo que es justo depende mucho de las reglas que son aplicables. Cualquier exportador debe tener un buen entendimiento de estas reglas si quiere evaluar y negociar un trato justo con un importador.

Las reglas

Con demasiada frecuencia jueces y abogados no familiarizados con el negocio internacional hortofrutícola me miran con incredulidad cuando les explico que no hay contrato escrito entre un exportador y un importador que están discutiendo sobre facturas impagas que valen cientos de miles de dólares. Debo admitir que no deja de sorprenderme como exportadores fácilmente envían frutas y hortalizas –a veces avaluados en más de un millón de dólares– al otro lado del mundo, sin siquiera un contrato básico. Pero, así se acostumbra hacer en el negocio hortofrutícola. Este es un negocio donde la gente tiene que confiar en los demás para poder hacer transacciones. Desafortunadamente, los reclamos por calidad tienden a disipar esta confianza rápidamente. En ausencia de un contrato escrito que establezca las reglas, los abogados pueden argumentar que varias leyes nacionales y tratados internacionales podrían ser aplicables. Las más comunes son las normas del país del exportador, las del país del importador, o la Convención sobre Contratos para la Compraventa Internacional de Bienes de las Naciones Unidas. Algunas de estas podrían beneficiar al exportador y algunas al importador.

El enfoque de los reclamos por calidad

Cuando se está discutiendo sobre quejas de calidad o problemas en el destino, un exportador debe formular dos preguntas: ¿Hay realmente un problema de calidad? Y si lo hay, ¿es realmente mi problema? Muchos exportadores parecen principalmente centrados y listos para lidiar con la primera pregunta. Responder a la segunda conduce muy seguido a la conclusión de que el problema no es del exportador, sino del importador.

¿Existe realmente un problema?

Esta pregunta es probablemente más fácil de responder, pero de todas maneras requiere del exportador que esté preparado para responder esta pregunta. En muchos casos se debe asumir que la entrega formal de la fruta ocurre cuando ésta llega al puerto de destino. En este momento el título y el riesgo se transfieren del exportador al importador. El importador se transforma en el poseedor de la fruta y asume el riesgo de cualquier deterioro en calidad en el futuro.

Es entonces muy importante para ambas partes establecer la calidad de la fruta al momento de la entrega en el puerto de destino. Un exportador que espera confiar únicamente en la información proveída por el importador se expone a sí mismo innecesariamente a reportes incorrectos o subjetivos. En mi experiencia es generalmente poco sabio no usar los servicios de una de las compañías independientes de inspección que operan en muchos puertos en todo el mundo donde el producto es enviado. Con esta información imparcial en mano, el exportador tiene las herramientas para argüir cualquier reclamo de calidad hecho por el importador.

Si parece que hay un grave problema de calidad, es importante para el exportador y el importador, conjuntamente con la compañía naviera involucrada, designar un inspector independiente de fruta que esté calificado para hacer un informe oficial, evaluando la medida y la causa del problema de calidad. Por supuesto, si los problemas de calidad son causados ​​por la compañía naviera, ahí es done el reclamo tiene que ir. Pero, para el resto de esta columna, vamos a suponer que la calidad es sólo un problema entre el exportador y el importador.

¿Es realmente mi problema?

Muchas leyes y tratados internacionales estipulan que un comprador perderá el derecho a invocar la falta de conformidad de las mercaderías si no lo comunica al vendedor, especificando la naturaleza de la falta de conformidad, en un plazo razonable después de que haya descubierto o debiera haberlo descubierto. Lo que es razonable depende de las circunstancias y, en el caso del comercio internacional hortofrutícola, un buen argumento puede ser que un marco de tiempo razonable para notificar los problemas de calidad se mide en horas y no en días ni menos semanas. Un exportador que se le notifica sólo varios días después de la llegada haría bien en considerar rechazar cualquier responsabilidad por cuestiones supuestas de calidad con la fruta, sobre todo si se refiere a los problemas que podrían haber sido identificados con anterioridad.

Irónicamente, los importadores se enfrentan a retos similares en la venta de la fruta con sus clientes dentro del continente europeo. Un cliente en un lugar lejano como Rusia o Eslovaquia podrá negarse a aceptar la entrega de un camión cargado de fruta a causa de los problemas de calidad después de llevarla de Rotterdam o Hamburgo, lo que toma entre tres o cuatro días. Eso coloca al importador en una situación difícil, similar a la del exportador, después de todo, ¿qué hacer con un camión cargado de mangos en Moscú que pueden o no tener un problema de calidad y muy probablemente sólo se venderán con una pérdida considerable? Supongo que nadie se sorprenderá de que los problemas de calidad parecen darse más frecuentemente en mercados lentos con bajos precios, como los de la fruta y hortalizas, lo que confirma el carácter altamente subjetivo de las reclamaciones de calidad.

El juego de la reclamación

En el pasado, más de un exportador ha admitido fácilmente hacia mí que el negocio de la fruta parece a veces la industria de las reclamaciones. Los márgenes son estrechos, los gastos altos y los importadores naturalmente tienden a pasar las quejas de sus clientes a sus exportadores en un intento de mantener sus propios márgenes lo más intactos posibles. El exportador, lejos de donde todo ocurre, muchas veces aún a la espera de recibir el pago por su fruta, tiene que jugar bien sus cartas si quiere evitar la adopción de la pérdida. Para ello se requiere el conocimiento de las reglas para obtener el mejor trato posible para salir de una difícil situación.

Jan van de Ven es abogado en AgriBusiness Legal Desk, una firma de abogados en Ámsterdam orientada exclusivamente al sector de alimentos y agroindustrial. A menudo representa a exportadores de ultramar en sus negocios en Europa.

Por: Jan van de Ven, abogado en AgriBusiness Legal Desk

Fuente: Portal Fruticola » Columna: El juego de la reclamación